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- Modos de Ver | Nro 6 | Sin categoría | 3 agosto, 2016

Sangre de mi sangre, la película de Marco Bellocchio

El viernes fuimos con Mati a ver Sangre de mi Sangre de Marco Bellocchio. A la mitad nos queríamos ir pero nos quedamos hasta el final porque yo quería ver si pasaba algo copado. Spoiler: no pasa nada copado.

La película empieza en un convento en Bobbio, Italia en el pasado (en Internet encontré que en el s. XVII pero más que en un siglo específico, ésta primera parte de la película transcurre en un momento histórico donde la Iglesia tiene poder absoluto sobre la vida de las personas). Llega al convento Federico, una especie de D’Artagnan compungido, a manejar el tema de la muerte de su hermano cura suicida: Fabrizio.

Para la Iglesia católica la muerte por suicidio implica no estar en estado de gracia, por eso necesitan que la amante de Fabrizio, Benedetta confiese haber hecho un pacto con el diablo y que esto haya llevado a la muerte a Fabrizio y no su propia voluntad. Para que Bene confiese le hacen superar una serie de pruebas (lo más interesante de la película): la tiran al agua con cadenas, si su cuerpo se eleva contra natura, es prueba del pacto, si se muere… y bueno, esta redimida y va al cielo. Y así, hasta que la sepultan en vida en un cubículo de ladrillos.

Corte al presente: en el mismo convento ahora vive un vampiro muy viejo y acabado que va al dentista en lo que es la otra escena divertida/interesante de la película. Federico (el mismo Federico de antes) es en este momento un gestor chanta que quiere estafar a un ruso millonario vendiéndole el convento en cuestión. Después se siguen escenas donde el vampiro deambula, hay un par de locos, personajes que salen de andá a saber dónde y un final: el vampiro se muere. La película no termina ahí (con Mati nos mirábamos “¿¡Sigue?!”). Hay un epilogo en el cual un Federico cardenal ya viejo vuelve al convento a canonizar a Benedetta que sigue viva y ensangrentada (¿?) en su cubículo. Cuando la liberan ella sale joven, desnuda y con un brushing muy extraño y su visión causa la muerte del cardenal. Todo muy sobrenatural, al ritmo de un cover de Nothing really matters de Metallica realizado por un coro.

No creo que la audacia de una película pase por la arbitrariedad con la que sus elementos están articulados.
En fin. Cuando salí del cine dudé, pensé “quizás es una peli demasiado nueva/compleja y no la estoy pudiendo entender, etc”. Puede ser, pero también pienso que es una película que tiene cierto halo de copy/paste de cosas que alguien tenía en una carpeta. No creo que la audacia de una película pase por la arbitrariedad con la que sus elementos están articulados. Es decir, lo que une los dos momentos históricos es completamente arbitrario y el hecho de que sea arbitrario no es audaz sino que habla de una falta de ingenio. La reflexión sobre el poder que –ponele- une los dos episodios es un poco tirada de los pelos. Son dos cosas distintas: en el primero es algo concreto, con practicas especificas y el segundo es una versión libre y metafórica sobre algo que podemos interpretar sobre la decadencia de la clase dirigente italiana. Que se repita el casting también es arbitrario, o mejor dicho, es tan obvio como un proyecto de cine amateur.

Como si fuera poco, el epílogo le da la razón a los curas inquisidores: Benedetta era efectivamente una amiga del diablo, por lo cual si algunas partes del proceso referencian a la Juana de Arco de Dreyer esta referencia pierde automáticamente todo su poder crítico cuando termina la película. Que una película tenga referencias y las podamos identificar es muy divertido para el que las encuentra, ¿no? Bueno, cope. ¿POR QUÉ están las referencias? ¿QUÉ referencian? Que estén y que las veamos no es suficiente. (Que alguien por favor le diga esto a los chicos de Stranger Things).Que una película intente ir en contra de las reglas narrativas clásicas/comunes esta buenísimo. Que una película sea arbitraria también es interesante. Pero no nos dejemos engañar, Sangre de sangre es una especie de ensayo tímido en este tipo de cuestiones, no es audaz ni compleja, ni una proeza técnica ni una belleza. Es lo que es. Con Mati nos aburrimos.

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