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- Modos de Ver | Nro 04 | 22 octubre, 2015

Yuyos medicinales

Es un sábado de sol y a pesar de ser invierno hay una linda temperatura de 20 grados, toco el timbre y me atiende Wiñay, en nuestro idioma Valeria. Ella proviene de las sierras de Córdoba y tiene cincuenta años. Al saludarla por primera vez siento una buena energía, me contagia al instante. Al ingresar recorremos un pasillo largo que desemboca en un hermoso jardín decorado con artesanías rupestres. En el centro hay un fogón con tronquitos, en ese momento llegan los demás integrantes, nos sentamos alrededor del fogón y nos descalzamos para sentir el pasto fresco. Nos preparamos para darle comienzo a la runa.

La ronda de mate va en sentido antihorario y el té de yuyo que tocará este mes es la menta, antes de comenzar a tomarlo le agradecemos por lo que nos brindará. Ya están listos, cada uno tiene el turno de hablar sobre cómo ha sido su mes y compartir con los demás su experiencia. Esto es la rueda, durante una hora y media, Wiñai encuentra metáforas y enseñanzas para comentar en base a lo contado por cada uno. Cuando finaliza se evidencian muchas sensaciones y sentimientos. Nos saludamos.

¿Cómo es tu nombre en lengua aborigen?

Mi nombre es Wiñay Killa, que significa luna creciente. En realidad es en runa simi (lo que la gente conoce como quechua). Como mis ancestros son de cultura andina, lo que era el Tahuantinsuyo, que es todo lo referente a los andes, lo era el antiguo imperio incaico. De línea materna el origen es de comechingón sobre la zona de Córdoba, donde nací. De línea paterna soy de Tucumán, zona de diaguitas calchaquíes.

¿Qué es este tipo de medicina, por medio de los yuyos?

La medicina para nosotros dentro de las culturas antiguas es estar en armonía con nosotros mismos, con el universo y entender los síntomas como una expresión de armonía o de desarmonía. Entonces, los yuyos son los que nos conectan para ir a buscar esa armonía ya que están en complemento con la naturaleza y forman parte de nuestro cuerpo también. En realidad se conoce como medicina todo lo que nos pone en armonía con la naturaleza, no en un estado de salud o enfermedad como se conoce en occidente. Siempre hay alguien que tiene el poder que es el que está sano y de aquel que siente que lo pierde y lo entrega, que es el que se supone que está enfermo. Pero si nosotros vamos a buscarnos, como decía la abuela Margarita: “si voy al médico algo me encuentra”. Siempre hay algo que no está perfecto dentro de un mecanismo como se espera que sea a nivel de lo que se conoce como la ciencia médica.

¿Cuál es el origen de la medicina ancestral?

Es desde siempre la existencia misma. Si se habla en un término general, el origen está desde que la vida da inicios. Las plantas estuvieron siempre en la tierra, nosotros no estaríamos, ni tampoco la vida animal estaría si ellas no existieran, sin plantas no hay oxígeno, sin oxígeno no existiría la vida como nosotros la vivimos y como la conocemos ahora, entonces en ellas está todo: la medicina, el alimento y el oxígeno. La medicina alopática en un comienzo sacó los principios activos de las plantas y funcionó a través de ellas mismas hasta que aprendieron a crear sintéticamente los mismos principios en los laboratorios. Cuando yo aíslo algo de su origen natural estoy separando, estoy desintegrando, si la medicina científica no alterara los principios tal como salen de las plantas nosotros viviríamos de una manera más integral, los médicos mismos reconocen que la medicina alopática tiene un límite porque para curarte del hígado te enferman el riñón.

¿Qué son las ruedas y cuál es su duración?

Es un aprendizaje básico como para recordar algo que está dentro nuestro. Ese aprendizaje dura nueve meses, es un proceso de gestación y nacimiento, después lleva toda una vida ponerla en práctica.

¿Qué más involucra a nivel espiritual?

Como mencionaba anteriormente la medicina de los pueblos originarios es integrativa, no existe el cuerpo por un lado y la mente por el otro. Todo síntoma primero se genera en un plano energético o espiritual o álmico, como cada uno quiera denominarlo según sus creencias pero se inicia en ese nivel y luego se va densificando hasta llegar al nivel físico y, como mencioné al principio, estos no están separados sino más bien unidos. Entonces cuando yo hago el camino al revés de entender qué es lo que pasa en mi cuerpo físico, de qué me está hablando mi cuerpo, cuando empiezo a escucharlo y comprender qué es lo que le sucede si o sí tomo contacto con mi espíritu y en la medida que voy despertando, en ese recordar del vínculo conmigo mismo voy cambiando de conciencia.

¿Dónde aprendiste este tipo de medicina?

Desde la cuna (risas). Nací en las sierras de Córdoba, pasé mis primeros siete años allí. En esa época se desconocía o era vergonzoso tener origen indígena, era discriminado. A mis padres, sus abuelos les contaban historias de animales, pueblos antiguos y además viajaban mucho de campamento por la provincia, nos permitieron tener a mis hermanos y a mí mucho contacto con la naturaleza, eso se mantuvo en el recuerdo y luego viví con mis tías abuelas que eran yuyeras, curanderas que curaban el mal de ojo, era una parte cotidiana de la vida, todo el mundo vivía igual, yo no sabía que existía otra vida que no fuera esa.

¿Qué te gustaría aportar, compartir? 

Permitirle a la gente que se anime a mirar de una manera diferente cualquier maceta que pase por frente de su nariz, la que tenga en su casa, el estado de contemplación de la naturaleza nos va a permitir acercarnos a nosotros mismos y se empieza como algo tan simple por empezar a reconocer los que nos rodea. En el sistema en el que vivimos se va perdiendo, nos perdemos de reconocer absolutamente todo y empezamos a funcionar automáticamente y ya no sabemos ni para qué ni para quién. Cuando enfermamos o cuando sentimos que no sabemos ni dónde estamos, ir a lo más cerquita que es quizás el árbol de la esquina de tu casa, ahí ya está todo.

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